La alimenticia Suschen SA se sumó la semana pasada a la ola de empresas dedicadas a la producción que decidieron bajar su persiana y despedir a todo su personal por la crisis de consumo que parece no encontrar un piso en el país. La planta, ubicada en el partido de La Matanza, estuvo abierta sin interrupciones desde 1976 hasta el viernes cuando le avisó a su personal que sería el último día de trabajo.

«Los dueños no están, quedamos los empleados a la deriva y no tenemos respuestas. Estamos viendo qué podemos hacer y cómo podemos continuar. Desde noviembre la Roberto Duhalde y su hijo Maximiliano cambiaron de razón social a la empresa. Nos dejaron en la calle, no argumentó nada y no pagó sueldos, aguinaldos ni vacaciones. Hace más de diez días que no sabemos nada de él», lamentó Silvia Ayala, una de las asalariadas damnificadas, en AM 1300.

Los trabajadores hicieron un escrache en la casa del dueño para pedir lo que les corresponde. «Nosotros apuntamos en primer momento a que alguien se haga cargo. No descartamos hacer una cooperativa, pero eso lleva tiempo y en este momento no tenemos ni el sueldo ni una indemnización. La gente le tiene que llevar el plato de comida a sus hijos», explicó sobre los pasos a seguir.

En total, quedaron 105 familias en la calle. La fábrica producía, además de las históricas mielcitas, los tradicionales naranjú, tapas de alfajores, alfajores terminados, obleas, bizcochitos y otras golosinas.

«Va a venir Fernando Espinoza a hablar con nosotras y nos donaron una camioneta de alimentos. La ayuda va a llegando, pero la más importante es que alguien venga y se haga cargo. Que un empresario nos escuche porque nosotros podemos seguir trabajando y produciendo para mantener nuestra fuente de trabajo», completó.

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