A través del libro ‘En Venezuela, postales de un país al borde del colapso’, Joaquín Sánchez Mariño puso en palabras la experiencia de haber estado más de un mes en ese punto conflictivo del planeta justo cuando Juan Guaidó se autoproclamó presidente. «Ellos pensaron que iba a ser un momento determinante», confió en AM 1300.

El escritor eligió una palabra para definir lo que ocurre en las fronteras, desde donde millones de habitantes migran día a día esperanzados con un futuro mejor en otra nación: «En la frontera había una furia tremenda del pueblo de Venezuela que espero que de algún modo se sane porque no se a qué puede conducir. Podría ocurrir una guerra de guerrillas. Hay un montón de destinos complicados para Venezuela». 

«La idea era mostrar cómo vive la gente y cuan cierto es lo que se habla. Tuve la suerte periodística de estar en un momento clave. Llegar a Venezuela es como viajar a una película de ciencia ficción por todo lo que dicen. El aeropuerto de Caracas estaba totalmente vacío, cuando hace años era un lugar clave y neurálgico. Había solo tres aviones. A mi me llamó mucho la atención», recordó.

Entre la terminal aérea y la ciudad, el trayecto es a oscuras ya que a los focos de alumbrado público se los roban: esa es una de las primeras imágenes que se topan aquellas pocas personas que en la actualidad llega a la capital del país que prácticamente está aislada por la vía aérea. «Es como una ciudad post apocalíptica en donde se nota mucho el esplendor (que supo tener). Me causó tristeza, intriga de cómo se llegó hasta ahí», agregó.

«Fui absolutamente solo y sin ninguna agenda marcada. Me encontré con un pueblo fabuloso que me protegió. A nivel personal me cambio la carrera y a nivel profesional me dio mucho reconocimiento. A veces siento que estoy en falta porque me llevé de Venezuela más de lo que dejé. Al ir yo con un teléfono, sin intereses mediante, hizo que la gente crea», completó en su visita al programa ‘Cosas de Minas’ que conduce Andrea Bisso.Resultado de imagen para 'En Venezuela, postales de un país al borde del colapso'

 

«La primera noche dormí en una casa de un barrio ‘coqueto’ que reservé por Airbnb. El primer día el dueño me llevó a cargar nafta: con un peso argentino podés llenar cien tanques de un auto. El precio era antes a unos diez pesos el tanque. La moneda a mediados del año pasado se le sumaron cinco ceros y, como el valor siguió siendo igual, es prácticamente gratis. Por ejemplo, uno con cinco pesos puede comprar un camión», contó.

«Luego me instalé en Altamira, uno de los barrios más humildes. Es una ciudad con locales cerrados. Había un shopping muy lindo con nada de gente. Las personas que van lo hacen para mirar», detalló. «Es ingenuo pensar que en Venezuela no hay gente con plata. Es la primera respuesta absurda que lanza el chavismo. Obviamente que va a haber miles de personas comprando o comiendo en restaurantes, pero eso a cuánto de la población representa», dijo.

Por otro lado, recordó que en ese momento un pan de manteca costaba cinco dólares y el salario mínimo que cobraba un trabajador era de seis dólares. «Azúcar no se consigue, la leche esta muy cara al igual que la carne. Después fui a un supermercado en el que sólo había kétchup», graficó. Esa imagen del comercio con el producto estadounidense como única opción se ha convertido en un viral.

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