Era el 6 de julio de 2015 cuando, en plena campaña por las presidenciales de ese año, Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Fernando Niembro se acercaron a una pequeña PYME textil de Rafael Castillo, partido de La Matanza, para charlar con Marcos, titular de la misma. Las promesas y expectativas se truncaron: en la actualidad, la apertura de importaciones impulsada por la gestión de Cambiemos fue letal y tuvo que cerrar este proyecto en el que lo acompañaba su padre.

“La empresa familiar ya se fundió en los ’90 y en 2001. Yo no fui al secundario para laburar, sacamos la cabeza y pagamos las deudas. En 2016, no nos fundimos porque aprendimos, pero quedamos al borde de perder todo en cualquier momento. Si nos quedábamos, no sabíamos si íbamos a poder hacernos cargo de la gente que teníamos. Al momento de cerrar, teníamos 12 empleados», recordó en un reportaje que publicó el portal El1 Digital.

Los trabajadores «eran allegados, amigos que pusieron el lomo con nosotros cuando hubo que laburar muchas horas y era una picardía que se queden sin trabajo» por eso habló con su «cliente más importante, que nos consumía el 80 por ciento de la producción, e hicimos un acuerdo para alquilarle las máquinas con la condición de que mantenga a nuestra gente. Ubicamos a la gente y las máquinas para subsistir y pagar el alquiler”.

Con la imposibilidad de enfrentar los costos totales (pago de servicios, insumos y cargas sociales de los empleados), fue pesimista sobre la situación a futuro: «No hay una sola señal que diga que la industria argentina va a salir adelante. Para ellos, el futuro no es la industria sino otra cosa. ¿Los industriales de qué vamos a vivir? Es una lástima que los argentinos no nos demos cuenta de eso. Volvimos al 1500, que nos venden espejitos de colores”. 

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