Desde Mar del Plata, el inolvidable Sergio Víctor Palma contó en La Sal del Boxeo parte de su gran historia boxística y personal. Con 62 años recién cumplidos, el chaqueño brindó una emotiva entrevista “gozando de la compañía de un ángel que me envió Dios para que me cuide”, refiriéndose a su compañera de vida Orieta.

“Fue el punto de rendimiento más alto de mi carrera”, recordó sobre aquélla noche de agosto de 1980 en la que se consagró campeón mundial de los Supergallos tras darle “una paliza descomunal, tremenda” a Leo Randolph. “Había tenido una discusión con Zacarías porque le dio vergüenza que un pupilo suyo saliera por radio ‘fanfarroneando’; entonces le dije que no fanfarroneaba sino que decía cosas que iba a hacer. Había dicho que Randolph no iba a poder pelear nunca más, y fue así. Zacarías ordenaba y yo hacía”, dijo el nacido en Chaco.

“Me gustaría que los boxeadores puedan jubilarse, pero es una tarea que deberíamos tramitarla sencillamente. El problema es que nadie quiere hacerlo. Cuando boxeamos, peleamos jugando, pero la vida requiere que pelees en serio. Al boxeador no nos gusta pelear, sino jugar a que peleamos”, definió magistralmente.

Por último, Palma adelantó que junto a Orieta está preparando un “libro de técnicas de boxeo”.

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